jueves, 14 de agosto de 2008

Leyenda

Ya llegaba su hora, estaba en el otoño de la vida, esperando lo esperado, cuando una gran llama le abrió un recuerdo para Rosario. Ella, con mirada sombría retrocedía en el tiempo hasta el día aquel en que conoció a Marcos.Era una tarde de gruesa lluvia en el campo. Se paró un momento en medio para sentir el agua correr en su rostro y cerró los ojos… después, alguien depositó en sus labios un tibio beso. ¿ Quién sería? Rosario abrió de sopetón sus ojos y su mirada se chocó con la presencia del muchacho que le enviaba cartas anónimamente, de aquel que la amaba en secreto.Ella estaba enamorada de él, aunque no lo conocía, pero en ese instante su corazón revoloteó tanto que en seguida supo identificar a aquel que tanto había esperado.Caminaron juntos bajo la lluvia y luego, sólo el tiempo supo lo que pasó.Muchos años despuès aquella separación y el juramento eterno de amarse los dejò en donde estaban en un principio.Ahora, cincuenta años después, Marcos aún la pensaba, quizá mucho más que antes, y Rosario, a través de la luna, le enviaba su eterno amor.La noche ya caía y el resplandor de la luna brillaba con todo su poder. Era un 20 de enero y Rosario moría… lo último que vio fue una llama de amor en mitad de la luna llena; mientras tanto, lejos de allí, Marcos también moría mirando la misma llama que miraba Rosario… aquellas soledades rotas se juntaron al anochecer de la vida, para nunca más despertar.Los enterraron juntos, -aunque sin saberlo-, en mitad de una montaña de tierra blanca que, a sus faldas tenía latente el corazón de una laguna azul profundo que hacía armonioso juego con el azul de las nubes.Desde lo alto de aquella montaña blanca, el mundo era para los dos, al fin.Aquellos dos corazones conservaron la esperanza, aún sobre la misma muerte, y fue esa muerte la que les dio vida eterna, a través del dulce néctar del amor.


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